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Fiel a sus principios, Victor González mantiene una lucha que está llamado a ganar: demostrar que la cerámica es un arte aún por descubrir.El artista de Torrelavega no ignora lo que han supuesto y suponen, los nombres de Picasso, Artigas y Miró, el ejemplo vivificador con que se acercaron a la cerámica aquél y éste y la unción con que ejerció su arte durante toda una vida de fidelidad ceramista el maestro Llorens.Respetuoso con la tradición y, a la vez, vocado a la renovación, Victor González está en la cerámica porque sabe que el barro, por su plasticidad, se relaciona con lo biológico y naciente, como oportunamente señalara Cirlot en su impagable Diccionario de Simbolos.La idea es añeja: la tradición occidental explica el nacimiento de un ser a partir del barro. Miguel Angel dio cuerpo a la metáfora en la Capilla Sixtina, donde el dedo divino infunde un hálito de vida a la uniforme masa del barro del hombre. .
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