|
Yo no nací en el mar, nací en octubre y con la inercia del otoño,
cotejo la apariencia de las formas con la certeza del dibujo.
La línea que inventa y persigue la forma. La cadencia que deja a su
paso; su novedad.
El deseo de rasgar el silencio. Desatar lo que no es reflejado por los
espejos. Murmurar en un abrir y cerrar de ojos, los signos que
somos.
La libertad de decir o callar. Embarcarme en los corredores nocturnos
como luciérnaga. Sentir el vértigo de la caída. Llenarme de amarillo.
Presentir que el latido del mundo es un eco y que el tiempo se
calcina.
La creación es una sed de aguas heladas. Se navega, parece que el
puerto está cercano, pero los pájaros te dicen que al final sólo se
levantan bardas: campamento de nubes. Tienes que empezar otra
vez. La sed no se calma aunque la nombres.
Dibujar es un acto teatral. Poner en escena el drama. El juego de
siempre, el que nos mantiene juntos. El que nos permite tener el
alma navegable.
Dejar en un abrazo que la luz se desnude.
|
|